Carmen Parrilla García, catedrática de Literatura Española en la Universidad de A Coruña y socia de honor de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval, falleció en la ciudad en la que ejerció su docencia universitaria a lo largo de toda su vida académica el 3 de abril de 2025, poco antes de llegar a los 90 años de edad. Su fallecimiento deja un enorme vacío en los estudios en la universidad gallega y en el ámbito de los estudios de literatura medieval, donde es recordada como maestra de varias generaciones de alumnos y colega de docentes e investigadora de diferentes instituciones universitarias.

Solía decir que su llegada al mundo de la filología había sido inusual, por tardía. Comenzó sus estudios de Filología Hispánica en el antiguo y en aquel momento recién creado Colegio Universitario coruñés, dependiente de la entonces única universidad gallega, la Universidad de Santiago de Compostela, cuando ya frisaba la cuarentena. Apasionada lectora, la madurez e interés con que se tomó los estudios universitarios, motor de su ejemplar rendimiento, tuvo su reflejo en las excepcionales calificaciones que le llevaron a obtener el premio extraordinario de licenciatura en 1978, título al que sumó  en 1985, igualmente con premio extraordinario, el de doctora en Filología Hispánica, también por la universidad compostelana, bajo la dirección en ambos casos del Dr. Alfonso Rey. Para entonces, la solidez de su investigación en torno a la prosa de ficción sentimental de los siglos XV y XVI ya le había permitido situarse como uno de los nombres de referencia en el estudio de la literatura española de la Edad Media, posición de privilegio que consolidó y acrecentó con el paso de los años.

Prácticamente desde el mismo año de su licenciatura, acompañó su incipiente tarea investigadora con la práctica docente, siempre vinculada a las aulas universitarias coruñesas. Desempeñó diferentes puestos hasta que en 1988 logró la titularidad de Literatura Española, la primera del área en el Colegio Universitario herculino, que poco después, con la segregación en 1990 del sistema universitario gallego, convirtió en la primera y, durante un tiempo, única titular del área en la recién nacida universidad de A Coruña. Finalmente, en 1998 llegó a ser la primera catedrática de Literatura Española de su universidad y, durante unos años, la única mujer catedrática del área en las tres universidades que integran el sistema universitario gallego, instituciones en las que siempre contó con el afecto y reconocimiento de los colegas de su área.

Precisamente, el haber vivido desde primera línea el nacimiento de la joven institución llevó a Carmen Parrilla a desempeñar en aquellos momentos una más que notable actividad en tareas de gestión. Tomó parte activa en la puesta en marcha de todo el complejo organigrama institucional requerido, por lo que ha de reconocerse su carácter pionero y su papel fundacional en la consolidación de la universidad herculina. Esas tareas burocráticas, que ya no abandonó hasta prácticamente el momento de su jubilación, en el año 2005, le llevaron a participar activamente en la creación de la Facultad de Filología, en el claustro universitario, en el consejo de gobierno de su universidad y, durante más de diez años consecutivos, en la dirección del departamento de Filología Española y Latina, puesto desde el que contribuyó a consolidar el prestigio académico y la proyección internacional de su universidad en el ámbito de los estudios literarios. En este sentido es preciso recordar la creación, bajo su dirección, del Seminario de Estudios Literarios Medievales de la universidad coruñesa, foro de encuentro y hospitalidad intelectual en que, al tiempo que situaba a la institución coruñesa como centro de investigación de referencia, permitió a colegas y estudiantes el enorme privilegio de conocer y conversar con las voces más destacadas del medievalismo internacional. En aquellos encuentros, que derivaron en la organización de congresos internacionales de mayor dimensión y alcance, como el IX Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (celebrado bajo su dirección en A Coruña, del 18 al 22 de septiembre de 2001), se puso de manifiesto su extraordinario poder de convocatoria, pero también su exquisita sociabilidad, el carácter afable en el trato y la generosidad con que siempre acompañó a quienes acudían a tomar parte en ellos, logrando un clima de extraordinaria calidez humana e intelectual.

Su extensa actividad investigadora abarca un buen número de publicaciones, bien sean ediciones, monografías, artículos en diversidad de revistas nacionales y extranjeras, así como actas de congresos, homenajes y volúmenes colectivos, pero también ofreció los avances a que iba llegando en su investigación en aquellos foros, tanto  internacionales como nacionales, más destacados, en los que todavía hoy se recuerda su presencia, siempre elegante, de trato accesible y afable. Le interesaban, de manera muy particular, los problemas de edición de los textos con los que trabajaba, así como el análisis minucioso del contexto en que surgían, sin descuidar la interpretación y análisis literario de los mismos.

Son varios los ámbitos en los que dejó huella de su rigor filológico, pero, sin duda, su nombre estará por siempre ligado al ámbito de la prosa de ficción sentimental, donde se consolidó como uno de los grandes nombres de referencia internacional. Carmen Parrilla dedicó buena parte de su carrera, desde sus comienzos, a rescatar, editar y contextualizar buena parte del corpus del género sentimental, desde sus primeros pasos en la tarea investigadora. Así, ya en su tesis de licenciatura preparó una edición de Grisel y Mirabella (1979) y en su tesis doctoral editó Grimalte y Gradissa (1985; posteriormente volvería a ofrecer una nueva edición actualizada en 2008), ambas de Juan de Flores, autor que también estudió como responsable de la Crónica incompleta de los Reyes Católicos. Reparó en los grandes nombres y obras del género: además de detenerse en Juan de Flores y su obra, también preparó una de las ediciones todavía hoy más fiables y rigurosas de la Cárcel de amor, de Diego de San Pedro, que publicó con la Continuación de Nicolás Núñez (1993), así como, entre otras, el anónimo Tratado de amores (1985), a partir de un testimonio entonces inédito que localizó en la Biblioteca Colombina, o el Notable de amor de Juan de Cardona (2011). Y, más allá de las ediciones, ofreció muy rigurosos estudios tanto particulares (autores y obras) como de conjunto, sobre diferentes aspectos (estructurales, ideológicos, retóricos, análisis y determinación de fuentes, recepción o, incluso en torno a la dimensión material y gráfica, como su análisis de los grabados xilográficos que acompañaban a algunos de estos textos…) que han contribuido a fijar el corpus y a enriquecer las perspectivas metodológicas desde las que hoy se estudia. Por ello, sus trabajos en la actualidad siguen teniendo enorme vigencia y son de consulta inexcusable para que nuevas generaciones de investigadores puedan acercarse al género.

También dejó una más que relevante impronta en la consolidación de los estudios sobre poesía de cancionero, objeto de varios de los proyectos de investigación y tesis doctorales por ella dirigidos. Precisamente, su interés por esta materia se plasma en varios títulos de referencia, como su edición y estudio de El cancionero del comerciante de A Coruña (2001) o su colaboración con José J. Labrador y Ralph di Franco en la edición del Cancionero de poesías varias, Ms. Reginensi Latini 1635 de la Biblioteca Vaticana (2008), así como su análisis de fuentes (particularmente, aunque no solo, impresos decimonónicos), autores (Garci Fernández de Gerena, Juan Rodríguez del Padrón, Fernando de la Torre, Garci Sánchez de Badajoz…), géneros, temas o, en una de sus últimas publicaciones sobre la materia, un cuidadoso análisis de la poesía inserta en textos de la ficción sentimental, publicado en la magna Historia de la métrica medieval castellana coordinada por Fernando Gómez Redondo (2016). Pero, además, su interés por este ámbito quedó reflejado también en la dirección de la que fue en su momento la primera revista centrada de modo exclusivo sobre poesía de cancionero, Cancionero General, editada por las universidades de A Coruña y Vigo, y en un buen número de volúmenes publicados en la colección Biblioteca Filológica, cuya dirección compartió con José Ignacio Pérez Pascual, en la que encontraron acogida rigurosas ediciones, estudios y volúmenes colectivos sobre distintos cancioneros y sobre la poesía en ellos compilada.

Con ser estos dos ámbitos los más fructíferos en su trayectoria, no se agota aquí su producción científica, mucho más dilatada. Detuvo su atención asimismo en el análisis e interpretación de diferentes aspectos relacionados con obras canónicas de la literatura castellana medieval como, entre otras, el Libro de Apolonio, el Libro de Buen Amor, La Celestina, así como los ecos de personajes, autores y obras medievales en la literatura posterior o, de manera particular, los tratados doctrinales en la prosa del siglo XV. Precisamente, en este último ámbito, del que ya había ofrecido estudios y ediciones particulares de obras como El Tractado de amiçiçia de Ferrán Núñez o Las cinco figuratas paradoxas de Alfonso Fernández de Madrigal, el Tostado, se centró en sus últimos años, especialmente en la figura del fraile jerónimo Hernando de Talavera, a cuyo estudio dedicó sus horas de estudio mientras le acompañó la salud, ofreciendo como resultado la edición de algunas de sus obras dirigidas a la instrucción femenina; la última de ellas, el Tractado provechoso de vestir y calçar, publicada en 2021, queda como testimonio de la pasión y vitalidad intelectual que Carmen Parrilla puso en la investigación hasta sus últimos instantes de lucidez.

Scripta manent, pero su huella no se limita a sus publicaciones, ni siquiera a su tarea como miembro de comité de redacción de algunas de las más prestigiosas revistas del hispanismo, a su presencia casi constante en multitud de comités científicos y editoriales o incluso a su membresía de honor en asociaciones de carácter científico, como nuestra AHLM, sino que también permanece muy nítida en la memoria de quienes, en diferentes universidades no solo españolas, recordamos a Carmen como maestra afable y generosa que entendía la universidad como una comunidad de aprendizaje e intercambio desinteresado y afectivo. Y este es, precisamente, su mayor legado, el de quien supo unir erudición y rigor en su tarea investigadora con la calidez y generosidad académica de los grandes maestros. Echamos de menos su presencia, pero su ejemplo permanece en su obra, en sus discípulos y amigos y, en suma, en la comunidad académica que ayudó a construir.

Antonio  Chas Aguión
Universidade de Vigo