«La poesía de cancionero en La Celestina: "Oh, hideputa el trovador"»
Autor Lobera Serrano, Francisco
Título La poesía de cancionero en La Celestina: "Oh, hideputa el trovador"
Título revista/libro Revista de Poética Medieval = Poesía y corte: entre filología y pragmática
Año 2014
Volumen 28
Páginas 225-243
Resumen
El autor se centra en el carácter misceláneo de La Celestina y especialmente en la inserción de textos líricos de la tradición poética tardomedieval. Se afirma que el efecto final de estas inserciones aparece difícilmente comprensible sin tener en cuenta el ambiente goliárdico universitario en que se gestó y escribió la obra de Rojas. Para entender el papel que los cancioneros desempeñan en La Celestina, el autor estudia las reacciones de los criados a los versos de Calisto y sus juicios y propuestas de otra forma de literatura: «cada vez que los criados escuchan estas canciones de enamorado cortés o cuando las comentan, las interpretan como fruto de una obsesión y una locura que se caracterizan por la búsqueda de la soledad y ésta por un pensamiento continuo que tortura; a ellas contraponen en sus diálogos, otras canciones que se definen entre otras cosas como "donaires" y que se cantan y se viven en alegría con los amigos. Los destinatarios extratextuales son invitados a detenerse, a reflexionar sobre la ambigüedad que se crea entre la belleza y la profundidad de ideas y de sentimientos en las fuentes "entretejidas" por un lado y la comicidad que sistemáticamente hace acto de presencia por otro. La ambigüedad de la "sentencia" que en el texto aparece como "donaire" es dada por la lejanía entre la fuente y los personajes que las hacen propias, sus intenciones, los registros lingüísticos y las situaciones en que son pronunciadas. En este juego literario vemos pues la evidente devoción de Rojas por las fuentes que incorpora, por las canciones de tipo tradicional y cortesano, pero a la vez no podemos dejar de notar su sorprendente capacidad de ironizar sobre las mismas. Los poetas cortesanos cantan la ausencia de la amada, su indiferencia o rechazo, y esta pena es peor que la muerte. La mujer, normalmente en otro tipo de lírica, canta también la ausencia, la muerte, o la tardanza de su galán. Sin esta pena, estos poetas pierden la voz; también al final Calisto y Melibea la pierden, porque no es la alegría del amor sino la pena el motor de la canción. Sobre esto Rojas, aun sabiendo que así es en la literatura y en la vida, juega con sus amigos a crear "donaires", a escribir la otra literatura» (p. 242)
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