«Juan Ruiz, Lĭ Yú y las "maqāmāt" o los límites factuales del multiculturalismo»
Autor Montaner Frutos, Alberto
Título Juan Ruiz, Lĭ Yú y las "maqāmāt" o los límites factuales del multiculturalismo
Otros autores F. Toro Ceballos - L. Godinas
Título revista/libro Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, y el «Libro de Buen Amor». Congreso homenaje a Jacques Joset
Ciudad Alcalá la Real
Editorial Ayuntamiento de Alcalá la Real - Centro para la Edición de los Clásicos Españoles - Instituto de Estudios Giennenses
Año 2011
Páginas 281-337
Resumen
El trabajo cuestiona la tesis del «mudejarismo» del Libro de Buen Amor, según la cual el Arcipreste conocería en profundidad la cultura árabe o hebrea de Al-Andalús, dado que sus modelos inmediatos habrían sido el Tawq alhamāmah (El collar de la paloma) de Hibn Hazm y las maqāmāt o relatos prosimétricos referidos por un narrador testigo y protagonizados por pícaros, cultivados en Al-Andalús tanto en árabe como en hebreo. En primer lugar, el artículo acumula numerosas pruebas textuales del hecho de que Juan Ruiz desconocía por completo el hebreo, pasajes que incluso parecen revelar una actitud distante y casi despectiva del Arcipreste respecto de la minoría judía. En segundo lugar, por lo que concierne a la influencia árabe, se argumenta que Juan Ruiz no conocía seguramente el árabe clásico, y que no tenemos ninguna prueba de que conociera el dialecto andalusí. Finalmente, el autor sugiere que las semejanzas de la obra de Juan Ruiz con las maqāmāt árabes no exigen hipotizar una relación genética entre ellas, sino que podrían simplemente ser explicadas como coincidencias parciales debidas a poligénesis. El autor corrobora este último punto de su argumentación mediante la comparación del Libro de Buen Amor con una obra que, por razones de tiempo y de espacio, no pudo tener nada que ver con la de Juan Ruiz: se trata de la novela erótica china Ròu pútuán (La alfombrilla de rezos carnal) de Lĭ Yú, publicada en 1657. A pesar de las numerosísimas similitudes, es obvio que ambas obras son completamente independientes y postular cualquier tipo de conexión entre ellas constituiría una absurda y superflua elucubración. En consecuencia, es imprescindible «reconducir la investigación a términos compatibles con lo que realmente sucedió en el marco histórico y el contexto sociocultural del LBA, distinguiendo los aspectos que puedan determinarse efectivamente como influjos (directos o no), de los que puedan postularse, sin exigencia de una relación genética, como paralelismos de interés (por iso- u homomorfismo, por analogía o por homología) y de aquellos, en fin, que resulten meras coincidencias irrelevantes» (p. 319). Para ello, es necesario superar la «confusión bastante habitual entre tres planos distintos: el de la influencia de la sociedad y la cultura andalusíes sobre las cristianas peninsulares (que es ciertamente incontrovertible), el de la familiaridad de los cristianos hispánicos con ciertas prácticas y creencias de sus convecinos mudéjares y judíos (que resulta también indiscutible, pero a la vez bastante variable, según períodos e individuos) y el de las influencias literarias propiamente dichas (que resulta mucho más problemático, salvo cuando está bien documentada la existencia de traducciones que sirvan de intermediario o el mucho más raro conocimiento directo del árabe o del hebreo por parte del autor correspondiente)» (p. 319)
![]()
